2009-01-17

Sara Hellen



Tu cuello me revelas moviendo de lado tu cabello.
Dulce tentación.
Tus dientes me presentas con una sonrisa impetuosa.
Delicioso éxito.

Me acerco. Tomo tu mano. Te llevo conmigo.
Caminas. Me miras. Miro de reojo tu escote.

La gente mira, los vestidos victorianos no dejan de moverse al compás de la música.

Atravesamos a los caballeros fumando puros mientras me río de sus chisteras.

De mi mano sales de aquel baile de violines y nobiliarios mezclados.

La banca del jardín de laberintas arboledas es helada como mi piel que ahora roza el motivo de este encuentro.
Mi mano se desliza por tu cuello y tu pecho removiendo el listón de tu corset, que cede ante la presión de tus senos. Tu respiración se agita. Beso tu boca. Mis manos juegan con tu cuerpo. Tus ojos se cierran.
Me deshago de los kilómetros de tela que conforman tu falda favorita mientras dejo al descubierto tu blanca piel. Casi transparente. Logro ver los canales que te irradian de sangre.

Mi boca tiembla. Me besas para calmarla. Intentas apartar mi falda y tomo tu mano. Beso tu pulgar… tu palma… tu brazo… de nuevo tu cuello… tus pechos… palpitantes…tus venas gritándome…tu sangre recorriéndote… muerdo tus pezones y aparto mi cara para contemplar la escena de tu piel desnuda y blanca…casi transparente…tendida en la banca de mármol…esperando mis manos… mi boca… mis dientes se clavan en las venas de tus pechos hasta derramar tu sangre por mis labios. Me alimento de ti… sacio mi sed con la duquesita traviesa mientras su vida se extingue entre mi aliento.

Antes de la última gota de tu sangre en tu cuerpo me detengo y cierro tus ojos con expresión de asombro. Ahora pareces dormida. Pálida. Desnuda…

1 comentario:

  1. pos ta shida, como dije el tiempo y el ambiente indican desde el comienzo a donde va tu historia, pero es muy buena. trabaja un poquito más. te quiero un chingo. bee!

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